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por Araceli Novo

de www.Reflexión y Praxis.com.ar.Pastoral

 

mujer_pensativa1Estoy cansada… Mi hijo adolescente no estudia, está tirado en el sillón,  parece ser parte de  un mecanismo automático de repetición: televisor, celular, computadora… en un círculo vicioso. Mi esposo y mi hija casi no hablan… por lo menos de cosas importantes. La nena  vive con el mono-tema: ropa… ¿qué me compro?; mi esposo: cómo hacer un negocio que le permita “liberarse” de la rutina de la oficina que lo explota. Yo me siento tironeada para ser feliz y colaborar en la felicidad de los demás y por momentos me siento asfixiada… Casi no tenemos diálogo. Por cosas insignificantes surge una guerra, las malas caras, el desconcierto, el malestar…

 

¿Esto es tener una familia? ¿Ser parte de una familia?

¿Qué será ser un miembro más de una familia que invite a crecer?

¿Todos los componentes de mi familia sentirán lo mismo que yo?

 

Cuando dos personas se unen -se supone que por amor-  para formar una familia, ambos tienen: ilusiones, proyectos, expectativas, pero también historias de amor, sueños, abandonos, desilusiones, fracasos, miedos y alegrías… En la interacción, cada uno vivirá y se comunicará como pueda: repitiendo viejos esquemas familiares, defendiéndose de ellos, conscientes de que los lleva y los emplea, o sin tener en cuenta que los acarrea.

 

Por eso, no reaccionamos todos del mismo modo; ni siquiera entre dos que se aman ocurre eso, porque cada cual se sentirá y se expresará a partir de esa “mochila” que lleva cargada con su historia personal, sus sueños, sus dudas, sus proyectos y con su visión de la familia y de la vida.

 

Veamos: cuando  hay un grupo de personas, frente a una misma situación cada una sentirá, pensará y reaccionará diferente debido a su enfoque, su estado de ánimo, el momento por el que esté atravesando y el recorte de realidad que hizo. Pensemos en un accidente ocurrido en una esquina. El hecho es el mismo, sin embargo observadores colocados en distintos ángulos podrán contar cosas diferentes, no sólo a partir de lugar físico en que estén parados, sino del momento en que fue captada esta imagen: alguien pudo haber visto el avance de los vehículos, la mala  maniobra de uno; otros pudieron registrar lo ocurrido a partir del sonido del choque. Así, en el acontecer diario cada uno de nosotros hace un recorte de la realidad diferente, respecto a los espacios y los tiempos, con lo cual las versiones del hecho no serán necesariamente las mismas.

 

A su vez,  las expectativas de cada uno juegan muy fuerte: La esposa que se casó pensando que su pareja sería el príncipe azul y sus hijos un modelo de obediencia y comportamiento, se sentirá defraudada y desolada con el correr del tiempo, porque la vida es otra cosa, más real y con dificultades cotidianas que deben ser abordadas.

               

No se debe descuidar que la realidad se construye a partir de la forma en que cada uno la percibe. Las personas tienden a ver lo que desean ver y lo que pueden ver. Cada uno suele descubrir únicamente los méritos de su persona y de los suyos y los defectos  de la otra, pero a su vez emplea un marco de expectativas, valores y normas propias que no sólo condicionan su mirada,  sus decisiones y sus acciones, sino que  le proporciona unos “anteojos” con los que aprecia, califica, evalúa y a veces hasta juzga las acciones de los otros.

Ahora bien, procurar comprender el punto de vista del “otro” no es lo mismo que estar de acuerdo con él, pero ayuda a la resolución de la situación.

 

Para  procurar la solución de un conflicto, las partes deben dialogar haciendo un esfuerzo por ver el problema desde el punto de vista del otro. Las personas tienden a suponer y a dar por sentado que comparten con su esposo, esposa, madre o vecino… algunos pensamientos y criterios, cuando en realidad son sólo supuestos. El costo de interpretar a los demás sólo desde nuestro punto de vista es caro, porque produce una barrera de incomunicación. No todos piensan como yo y ni siquiera quieren lo mismo que yo; y es necesario un esfuerzo para comprender al “otro” si realmente lo amo y deseo compartir mi entorno.

 

Por otra parte, y aunque parezca una paradoja,  para nuestro trabajo: planificamos, tratamos de anticiparnos en los problemas, analizamos las decisiones y procuramos evitar las consecuencias negativas…

 

¿Y en la familia???

¿Por qué no tomar tiempo para considerar qué desea y necesita el “otro”?

¿Por qué no observar, preguntar, planificar algunas actividades y hasta conversaciones, procurando que sea el momento  tranquilo, oportuno?

 

No es una “pérdida de tiempo” cuando se observa, se pregunta, se escribe y se analizan situaciones antes de planificar y tomar de decisiones. El escenario en tiempo y espacio debe estar lo más completo posible antes de actuar.

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Pizarro (2008) sostiene que –si bien es imposible no tener conflictos- es muy importante abordarlos lo más sensatamente posible, procurando el desarrollo de una familia sana, para lo cual, la autora propone los siguientes puntos…

      La casa en la que vive la familia es fundamental: La limpieza, el orden y el mantenimiento son tareas importantes que se pueden realizar en común acuerdo y designación de tareas, procurando que éstas no ahoguen las relaciones entre los miembros dedicándose férreamente a éstas.

      No olvidar expresar las opiniones y dejar que los hijos también se expresen.

      Ser coherente, para que nuestro actuar y pensar se complementen.

      Ser paciente, ayuda a la tolerancia y el respeto por los demás.

      Demostrar nuestro cariño por los demás con nuestra actitud.

      Alabar cuando algún miembro de la familia se destaque.

      Acostumbrarse, a pedir perdón por los errores.

      Mantener conversaciones familiares y tiempo de convivencia sistemática.

      Escuchar siempre con atención

      Crear situaciones de diversión familiar.

      Mantener valores y reglas claras que no lleven a confusiones, y sean respetadas  por todos.

Si bien, en la mayoría de las situaciones los conflictos no se pueden evitar, debemos estar preparados para afrontarlos y anticiparlos, del mismo modo que una buena alimentación contribuye a crear condiciones para mantener el organismo lejos de posibles enfermedades. Una familia sana será portadora de anticuerpos capaces de enfrentar las dificultades, con lo cual podrá  superar las circunstancias adversas.

 

Bibliografía

Hillewaert, Elizabeth – Novo, Araceli (2011) El Fenómeno del conflicto – Módulo 1 – Material de cátedra de Formas Sociales de Resolución de Conflictos – 2 año 1er. Cuatrimestre – Instituto Superior de Formación Integral – ISFI  – EIRENE

 

 

Maldonado, Jorge. (1996) Aún en las mejores familias. Libros Desafío. E.E.U.U.

Parkinson, Lisa. (2005) Mediación familiar. Teoría y práctica. Principios y estrategias operativas. Gedisa Mexicana.

 Pizarro, Mariela P.  (2008) Los conflictos familiares. www.es.scribd.com/doc/3669785/Los-conflictosfamiliares. España

Poyatos García, Ana. (2003) Mediación familiar en diferentes contextos.  Publicaciones Universidad de Valencia. España.

Quiroga, Ana P. (1987) Matrices de Aprendizaje. Clases de la Primera Escuela Privada de Psicología Social, Bs. As.

 

www.vozdeesperanzaweb.com

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